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martes, 3 de diciembre de 2013

Sur de Alemania III: Friburgo

Salimos un poco tarde de Lauterbach, según la ruta de google en llegar a Friburgo, la capital de la Selva Negra, tardaríamos unos 50 minutos, pero el GPS nos desvió por otra ruta distinta y tardamos algo más 1 hora y diez. Como os conté en mi etapa de preparativos, el hotel que elegimos en Friburgo (Hotel Rappen Münsterplatz), lo elegimos por ubicación, estaba en le mismísima plaza central de Friburgo, justo al lado de la Catedral. Casi todos los hoteles que veíamos eran caros, así que para un día que visitábamos la ciudad decidimos pagar algo más pero estar en el meollo de la misma. El hotel tenía un acuerdo con un parking cercano que el día costaba 10 euros, pero nosotros al llegar aparcamos en un parking de un centro comercial próximo al hotel, porque al mismo como estaba en una zona peatonal no se podía acceder con vehículo y tras dejar las maletas en el hotel ya no quisimos mover el coche, nos costó 17 euros el día, tampoco es que fuese una ruina.











El hotel era pequeñito, en el interior de una casa antigua de la plaza, pero con semejante vecina, la preciosa Catedral de Friburgo, su encanto aumentaba con creces. La Münster o Catedral de Friburgo, única de Alemania construida integramente en el medievo, de arenisca roja y estilo gótico; no deja indiferente al viajero, sobre todo su torre, que la tradición la piropea como la torre más bonita de la cristiandad. Su gran tamaño, que deja pequeña a la plaza en la que se encuentra, sus múltiples agujas y su color rojo la hacen muy fotogénica ante los cambios de luz del día; y todo convierte el entorno en un lugar especial. Como en casi todos los puntos del viaje, aquí también nos encontraríamos con los dichosos andamios en la torre, pero bueno, imagino que tienen que aprovechar el buen tiempo para restaurar las obras de arte.
Al llegar a la plaza había en ella un gran mercadillo de cosas artesanales y comida ecológica, por lo que estaba muy animada. Dimos un agradable paseo tranquilo por la ciudad y compramos a mi hijo en un puesto callejero (hay varios por el centro) un barquito de madera para que se entretuviese por los canales de la ciudad. Las calles del centro de Friburgo están llenas de pequeños canales o Bächle, no se sabe muy bien cual fue su uso, si formaban parte de la red de abastecimiento de agua o de las aguas negras, pero la cosa es que han quedado como un atractivo turístico de la misma, sobre todo se pueden ver a niños con sus cuerdecitas tirando de barquitos o juguetes varios que surcan las aguas. La anécdota del día, pues que nuestro hijo se cayó de lleno al canal, sí, como lo leéis, iba tan feliz a coger su barquito, se le fue el cuerpo y y se cayó de lleno en el aguar Son muy bajitos y no hay riesgo de que pase nada, pero el agua proviene directamente del río Dreisam y viene helada; el pobre se mojó entero, zapatillas incluidas y decía "fría, fría" je,je,je la gente se reía a su alrededor por eso él lo empezó a tomar como algo divertido y dejó de llorar, después no paraba de repetir "canal pooom" je je je Como el hotel estaba al lado lo cambiamos de ropa y como nuevo.

Teníamos ya hambre, estábamos en la zona centro, por tanto, una zona cara para comer, pero justo al lado de la plaza central encontramos una pizzería con mucha gente sentada en la terraza y al mirar los precios nos sorprendió porque eran razonables. Como los días anteriores habíamos comido comida local, decidimos cambiar y optar por lo que ya se ha convertido en la comida internacional por excelencia, la comida italiana. Dos cervezas, pasta, pizza y un gran helado por 23 euros; el restaurante se llama Milano y como apreciaréis en el enlace las críticas de Trypadvisor son variadas, pero a nosotros nos pareció bien la relación calidad/precio.
Como ya era tónica general en nuestro viaje, nos fuimos a descansar al hotel para que el peque durmiese la siesta. Al despertar nos bajamos abajo a la terraza del hotel para tomar algo, pero allí los precios eran prohibitivos. Así que decidimos sentarnos justo en el local de al lado de nuestro hotel, una cafetería con terraza frente a la torre de la catedral y allí nos tomamos dos capuchinos descafeinados mientras escuchábamos a músicos callejeros y mi hijo correteaba a las palomas (música y animales, dos ingredientes fundamentales para que mi hijo se entretenga y nos deje un rato tranquilos).

Tras la merienda, con nuestro plano en la mano descubrimos el centro de la ciudad. Las puertas de la ciudad, restos de las antiguas fortificaciones de la misma, como la  Puerta de Suavia, de la que no hice fotos porque estaba también rodeada de andamios o la Martinstor.
Dimos un paseo por la zona universitaria, que estaba muy animada con gente tocando en la calle y sentada en el césped de los jardines. Siguiendo el paseo llegamos a la zona de los ayuntamientos, el Neues Rathaus (Ayuntamiento nuevo) que ocupa dos casas renacentistas y se une mediante una pasarela al Altes Rathaus (Ayuntamiento viejo), edificio de 1559 de color rojo que alberga la oficina de turismo.

Tras nuestro paseo monumental decidimos ir a un parque para que el peque jugase un rato, el recepcionista del hotel nos recomendó uno cercano, justo a la espalda de nuestro hotel, saliendo de la zona centro, se accedía a través de un puente elevado sobre la carretera a un parque infantil que estaba muy bien. Había columpios, estanques con patos, pero sobre todo el entorno era muy bonito, el centro de Friburo descansa bajo un monte elevado y el parque quedaba justo debajo de este monte, de hecho desde él se accedía a una especie de teleférico que subía arriba donde imagino que habría muy bonitas vistas de la ciudad, a nosotros se nos hizo tarde para contemplarlas y estaba ya cerrado. Nos gustó el habiente, había muchas familias y grupos de amigos con sus cestas de comida, sus copas de vino… sentados en el césped disfrutando del atardecer.
Para cenar nos decidimos por un restaurante en la Müsterplatz o plaza de la Catedral, en la otra zona de la plaza distinta a la de nuestro hotel. El restaurante estaba justo al lado del precioso edificio rojo del Palacio Arzobispal, se llama Ganter Brauereiausschank y no recuerdo el precio pero para estar en la zona privilegiada en la que se encontraba no nos pareció caro. No teníamos mucha hambre, así que pedimos cerveza, refresco, una sopa de mostaza con nabo y pasta rellena de setas; todo muy bueno. La iluminación de la plaza es tenue, así que la cena a la luz de las velas con la catedral de compañera fue muy especial.
A la mañana siguiente teníamos el desayuno buffet incluido en el precio de la habitación, así que desayunamos, hicimos las maletas y tomamos rumbo a nuestro siguiente destino, Munich, pasando por el lago Constanza, pero esto es ya otra etapa…..

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