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jueves, 23 de octubre de 2014

Sur de Alemania V: Múnich

Llegamos a Múnich a las seis de la tarde y lloviendo, así que la elección que habíamos hecho de reservar un hotel con piscina cubierta nos pareció maravillosa en ese momento. El Hotel Eurostars Grand Central, tenía una piscina cubierta no muy grande pero que a nosotros nos vino genial para relajarnos del viaje y para terminar esa tarde pasada por agua. Por la noche decidimos cenar en una pizzería que encontramos junto a la estación central de tren que se encontraba a un paseo de nuestro hotel. Es un hotel de gestión española y eso se notaba en la calidad y en los empleados ya que muchos eran españoles o hablaban español. El centro de la ciudad se encontraba a unos 20 ó 25 minutos andando, pero como nuestros días en la ciudad fueron muy lluviosos usábamos el tranvía con mucha frecuencia ya que se tomaba en la misma puerta del hotel.

A la mañana siguiente tras un fantástico desayuno en el hotel nos fuimos a conocer el centro histórico de Múnich que es muy coqueto. Aunque sabes que la mayoría de edificios fueron reconstruidos tras la segunda guerra mundial, esto no le resta belleza. Las antiguas puertas de entrada a la ciudad dan paso a unas calles con unas bonitas construcciones germanas.
Era domingo y las tiendas estaban cerradas, por ello había menos gente por las calles. Nos llamó mucho la atención que en bastantes escaparates de tiendas de ropa hubiese trajes regionales bávaros y es que aunque parezca mentira son trajes usados por los ciudadanos en el día al día (puedes ver a gente en el supermercado haciendo la compra vestida así), en la conocidísima Oktoberfest (fiesta de la cerveza de la ciudad) o en las bodas o ceremonias.
Como la lluvia nos acechaba, entramos a conocer varias iglesias, como la catedral de la ciudad o la Iglesia de San Miguel. A nuestro peque le encanta encender velitas en las iglesias, le resulta muy divertido.
El eje central del turismo en la ciudad es la Marienplatz, donde nos encontramos el impresionante Ayuntamiento nuevo, de estilo neogótico muy recargado, pero que maravilla a todos los viajeros. No nos dio tiempo de ver en funcionamiento su precioso reloj de carillón, ya que gira solamente dos veces al día, a las 11 y a las 12 de la mañana.

En la misma plaza se encuentra el Ayuntamiento viejo, que paree un castillo de cuento.
Nos paramos en la plaza a tomar un café y que el niño almorzase, fue en Woerner´s  un bonito café con unas vistas privilegiadas del Ayuntamiento. Estaba todo muy bueno, se podía almorzar y había unas tartas riquísimas todo a muy buen precio.
Para cenar elegimos la famosísima cervecería Hofbäuhaus, una de las más famosas de la ciudad y visita obligada. Varias plantas repletas de mesas compartidas, techos pintados con bonitos frescos, música, mucho ruido, comida bávara estupenda y sobre todo mucha mucha cerveza. Sus paredes fueron testigo de momentos importantes para la ciudad y para el mundo, ya que fue sede de las primeras reuniones del partido liderado por Adolf Hitler. En la foto veis el escenario de la segunda planta, donde según dicen Hitler dio sus primeros discursos y que en aquel momento durante nuestra cena había una actuación de bailes regionales bávaros.
Al día siguiente hizo un fantástico día de sol, así que decidimos aprovechar para conocer el zoológico de Múnich. La verdad es que es un lugar al que no hubiésemos ido si hubiésemos visitado solos la ciudad, pero con un niño pequeño al que le chiflan los animales era visita obligada.Al final tengo que decir que fue fantástico solo por ver lo que disfrutó nuestro hijo viendo los gorilas, los pingüinos, los leones… además hay una zona donde hay cabras y animales "más domésticos" sueltos que los niños pueden tocar y alimentar y eso ya fue lo más de lo más para nuestro hijo. Comimos allí, la verdad es que no muy bien, salchichas y comida típica rápida, pero eso nos hizo aprovechas más el tiempo.

Por la tarde teníamos previsto ir al Jardín Inglés, gran pulmón verde de la ciudad donde la gente pasea en bici, come en el parque y disfruta de las conocidas cervecerías al aire libre (bier garten); al  Olympiapark y a ver al menos desde fuera el estadio de fútbol Allianz . Pero después del almuerzo en el zoo nos fuimos a dormir la siesta al hotel y el niño durmió más de la cuenta, así que se nos hizo tarde y nos dio pereza irnos al parque, por lo que decidimos volver al centro de la ciudad a conocer el ambiente de un día de diario con las tiendas ya abiertas y buen tiempo. No nos arrepentimos porque había mucho ambiente en las calles con músicos callejeros y actuaciones, para otra vez dejamos las visitas a los jardines, buena excusa para volver.

Para cenar elegimos otro clásico de la ciudad, la cervecería Augustiner. Buena cerveza y comida típica a muy buen precio. También disfrutamos de la visita y todo estaba muy bueno aunque ya estábamos un poco cansados de salchichas y de comida contundente.
A la mañana siguiente pusimos rumbo al aeropuerto de Stuttgart para tomar nuestro vuelo de regreso por la tarde, pero antes haríamos parada en una preciosa ciudad que nos sorprendió por su belleza y donde conoceríamos uno de los ríos más importantes de Europa. La ciudad es Ulm que se encuentra a orillas del Danubio. Pero esto como siempre es otra etapa, ya la última ¡ohhhh que pena!

Si quieres ver todas las etapas del viaje pincha aquí: viaje al sur de Alemania

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