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viernes, 30 de enero de 2015

Lanzarote y Fuerteventura en navidad

Esta navidad decidimos cambiar de aires y toda la familia, sí digo bien toda la familia, la mía y la política, un total de nueve personas nos embarcamos en un viaje a las Islas Canarias, concretamente a Lanzarote. ¿Porqué este destino? porque como sabéis ya tengo dos viajeritos, uno de tres años y otro de casi un año y no me apetecía un destino con frío, que es lo que nos hubiese esperado en cualquier otro punto de Europa. Lanzarote es una isla que siempre me ha llamado la atención, había escuchado maravillas de la misma  y os adelanto que no me ha decepcionado.

Volamos con Vueling desde Sevilla a Arrecife muy tempranito el sábado. Al llegar al aeropuerto recogimos los dos coches de alquiler que habíamos reservado previamente. Aquí os doy detalle de la planificación (vuelo, alquiler de villa y coches).

Alquilamos una casa en la web que os facilité. Como éramos 9 personas reservamos un chalet con piscina, no sabíamos si íbamos a poder usarla (leer esta entrada donde hablo del tiempo en Lanzarote), pero por si acaso queríamos piscina, pero ésta tenía que tener unas características determinadas de acceso al viajar con niños pequeños. Elegimos una casa, Villa Medinilla,  con piscina cubierta con una especie de capota que se plegaba y se cerraba con llave. La casa estaba en una zona que creemos muy bien ubicada para visitar la isla, Conil, un pequeño pueblo a 2 kilómetros de Tias, un pueblo mayor y a unos 12 Km de Playa del Carmen. El pueblo era muy pequeñito pero al menos tenía un pequeño supermercado que abría hasta el domingo, aunque las compras las hacíamos en los supermercados de Tías (la cadena canaria de supermercados Hiper Dino está muy bien). La casa era grande y con estancias amplias, aunque los propietarios no la tenían muy bien cuidada para lo bonita que era.
El Pueblo de Conil
La casa

Ese día a la llegada desayunamos en Tías churros con chocolate en una churrería e hicimos la compra para los días sucesivos mientras los propietarios de la casa nos la limpiaban tras salir los inquilinos anteriores.  Habíamos madrugado mucho para tomar el vuelo así que a medio día decidimos hacer una barbacoa en la casa, hacía un sol espléndido y pasamos un buen rato. Por la tarde descansamos y después dimos un paseo por Playa del Carmen, la zona más turística a pie de playa desde nuestra casa. La verdad es que la isla nos estaba encantando, el paisaje árido era muy diferente a todo lo que habíamos visto, los pueblos mantenían muy bien la armonía con sus casas blancas de puertas verdes, hasta la zona más turística de playa había conseguido ser urbanizada de forma ordenada, el paseo marítimo era muy bonito, todo estaba muy cuidado, ese encanto es lo que hace que la isla sea tan pintoresca y tan visitada.
Amaneció el domingo y según las previsiones meteorológicas iba a ser el mejor día de la semana, así que aprovechamos y decidimos ir a la playa. Como no sabíamos si el tiempo nos iba a permitir pasar más días en la playa planeamos ir a la que según comentarios era la más bonita de la isla, la playa del Papagayo. Es una de las playas del Parque Natural de los Ajaches, una zona protegida de paisaje volcánico típico de la isla pero que resalta por su aridez, a mi me recordó al Death Valley americano en alguno de sus puntos.
Así que tomamos dirección oeste de la isla rumbo a la playa. Llegar es fácil, por la carretera de Yaiza a Playa Blanca en una de las primeras rotondas antes de entrar en Paya blanca te encuentras la indicación "playa del Papagayo" y desde allí sale la carretera. Parece que no es por ahí porque la indicación te mete por un camino de tierra, pero sí, ese es el camino, es un parque natural protegido por ello no existe carretera asfaltada y llega un momento donde te encuentras una garita donde hay que pagar 3 euros por coche para acceder a la zona. Hay varias playas bonitas en el lugar, pero la más singular es la del Papagayo, playa de arena fina, aguas transparentes azuladas y rodeadas por rocas volcánicas que se introducen en el agua.
Aunque el camino es de arena y baches, todo está muy bien indicado. Hay que dejar el coche en un zona de aparcamiento y el acceso es algo complicado. Hay que bajar una cuesta algo resbaladiza, pero nosotros lo hicimos con dos niños pequeños y con el carro plegado a la espalda, así que no es imposible para familias. En la siguiente foto veréis la cuesta por la que hay que bajar (en la que aparecen un grupo de personas bajando), os la pongo para los que tengáis dificultades de movilidad saber si podéis asumir dicho acceso.
La anécdota del día es que mis padres y mis suegros cuando llegamos a la playa no llevaban bañador, y nos reprocharon a nosotros el no haberlo llevado porque decían que nosotros no habíamos dicho que se los pusiesen, cosa que no era cierta, nosotros dijimos que íbamos a la playa y que se preparasen, yo llevé todo lo necesario, toallas, protector solar, bañadores, mudas para los niños. Pero la verdad fue que ellos no habían querido escuchar porque no se creían que en la playa pudiese hacer buen tiempo, como os he dicho en la isla el tiempo es cambiante, en el interior puede hacer un día airoso y crudo y en las playas del sur un sol radiante que invita al baño. Así que allí estábamos toda la familia, nosotros disfrutando del agua como en pleno agosto y ellos con los pantalones largos remangados. Fuese como fuese nuestros hijos disfrutaron como enanos con la arena, viendo cangrejos en las rocas y metiendo los pies en el agua.

Las rocas volcánicas entran en la playa como lava solidificada y paseando por la arena puedes observar fenómenos geológicos sorprendentes como esta falla que deja ver como se levantó y se plegó la tierra con las erupciones.
Al bajar la rampa hacia la playa hay un restaurante (el edificio blanco que se observa arriba de la colina), antes de bajar dejamos reservada mesa para todos y encargada una paella. Pedimos paella para siete personas, 14 euros por persona, nos hicieron una paellera grande y todos comimos más de un plato.
Comimos paella, pedimos nuestras primeras papas arrugás con mojo, disfrutamos de estas espectaculares vistas y para terminar nos invitaron a un vasito del típico ron miel de Las Islas. Todo muy bueno y servido con un trato excelente.
La parte oeste de la isla la ocupa el Parque Nacional de Timanfaya, un área de terreno de origen volcánico de reciente erupción, la última en 1824 y que dejó cubierta de lava un cuarto de la isla y cambió todo su paisaje. Tras esa bonita mañana de playa decidimos ir no al Parque de Timanfaya en sí, para cuya visita se necesita más tiempo, sino a conocer un par de zonas del mismo al lado del mar. Son lugares donde la fuerza del mar y de las erupciones volcánicas se mezclaron dando lugar a unos paisajes de belleza singular.

El primer punto de parada no es nada que la naturaleza haya forjado, en este caso la mano del hombre, concretamente una empresa familiar que consiguió cambiar el paisaje en 1895, unos campos de trigo y maíz, para construir unas salinas, las Salinas de Janubio. Al reflejo del sol sus aguas parecen una gran paleta de colores.
Tomamos dirección El Golfo y Los Hervideros. La carretea circula al lado del mar y a la derecha queda el impresionante paisaje de las montañas del parque nacional de Timanfaya con sus contrastes de colores. Mi cámara de fotos no paraba de disparar hacia esos paisajes tan diferentes para mi ¡Qué preciosidad! Como le dijo a mi padre un lugareño "Lanzarote de feo que es, es bonito" y es verdad, la aridez del paisaje y su singularidad lo hace diferente y excepcional.
Decidimos ir a El Golfo que es el mirador más alejado, más al norte, porque los niños se habían quedado dormidos en el coche y así los dejábamos dormir un poco más. Está a unos 20 minutos de la Playa del Papagayo. Justo a la entrada del pueblo de El Golfo hay un aparcamiento donde se aparca el coche y comienza un pequeño sendero a pie que bordea el mar hasta llegar a un mirador. Desde él se contempla este espectacular Charco Verde o Laguna de los Clicos. Esta charca no es más que el cráter de un volcán que se ha inundado con agua del mar por filtraciones subterráneas. El nombre del lago viene por el verde de sus aguas que lo dan las algas que habitan en ellas y el azufre y por los Ciclos, un antiguo marisco de la zona hoy en extinción.
No solo el verde la laguna llama la atención, las paredes que caen sobre el lago donde se aprecia la estratificación de la lava, la rampa de bajada a la playa de arenisca roja y la playa de arena negra con el mar rugiendo frente a la laguna son impresionantes. Es un paisaje sin igual donde se aprecia la fuerza del fuego, el agua y el viento.
En la siguiente foto se ve el mirador y la bajada a la playa, no menos impresionante con su tonalidad rojiza que contrasta con la arena negra volcánica de la playa.
Después paramos en Los Hervideros, otro mirador donde se observan los brazos de magma que caían al mar desde los volcanes y como con el paso del tiempo la fuerza de las olas los han esculpido creando pasadizos y balcones naturales. Su nombre viene de la imagen del paisaje que da la impresión del mar hirviendo.
Se estaba haciendo de noche, así que paramos en Yaiza a tomar un café, fuimos al Bar Stop, que está en la plaza del pueblo al lado de la iglesia. Quería saber como era el bar porque es muy mencionado en los foros por su calidad-precio en cuanto a comida típica de la isla. Y la verdad es que el sitio no te entra por los ojos, el local no está muy limpio, parece la típica tasca de pueblo y el camarero no era nada simpático. La verdad es que no puedo hablar de la comida, que a lo mejor es verdad que está muy buena, porque decidimos no volver a comer ya que el local era muy pequeño y nosotros éramos muchas personas. En la plaza del pueblo había un enorme Portal de Belén, donde como no, no faltaba el volcán con la lava bajando. Pasamos el rato unos contemplando el enorme portal y otros con los niños en un pequeño parque infantil donde pasaron el rato tirándose por los toboganes.
Para cenar paramos en Tías donde compramos pizza para llevar en una pizzaría el pueblo.

El lunes decidimos ir ya a conocer el Parque Nacional de Timanfaya en toda su magnitud. En los alrededores del Parque, cercano al municipio de Yaiza se encuentra La Geria, un paraje natural protegido muy singular, se trata de  de una amplia extensión ocupada por las cenizas expulsadas por las erupciones volcánicas de 1730 a 1736 donde la mano del hombre y su ingenio han creado un colage de formas geométricas que no son más que un enorme campo de cultivo de vides, la superficie de cultivo de vides más grande de Lanzarote. Las viñas están cultivadas en esta arena de ceniza en un hoyo excavado en las mismas y protegido del viento por muros semicirculares de piedra. Estas características de cultivo dan la humedad y protección necesaria para el crecimiento de la uva. Nunca había visto nada parecido y me pareció muy curioso.

Llegamos al Parque Nacional de Timanfaya, como no madrugamos ya se había formado cola para entrar y tuvimos que hacer más de una hora de caravana hasta aparcar el coche. En tickets, nosotros compramos el bono de visita de cuatro lugares de Lanzarote, nos costó veintitantos euros (los niños pequeños entraban gratis) y así teníamos entrada para conocer Timanfaya, Mirador del Río, la cueva de los Verdes y los Jameos del agua.
Aparcamos el coche en el parking y subimos al autobús que te lleva por el Parque, el bus tiene audioguía y va detallando las zonas por las que pasas, las montañas de fuego, como se conoce a esa zona. A mi fue una visita que me encantó, jamás había visto un paisaje como ese, el vulcanismo de la zona es muy reciente por lo que se observan detalles del vibrar d ella tierra a cada paso, la mezcla de colores es impresionante, los fotógrafos alucinarán en esta zona. Las erupciones más recientes son de 1730 y duró casi 6 años dejando pueblos enteros sepultados y la siguiente data de 1824. La primera queda reflejado su comiendo por las narraciones que quedaron para siempre narradas por el cura de Yaiza Don Andrés Lorenzo Curbelo "El día primero de Septiembre de 1730, entre nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevo del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diecinueve días". 
Por el camino se observan volcanes, cráteres, paisajes donde la vegetación aun no ha logrado arraigar....en fin, os dejo algunos ejemplos gráficos.







Tras la visita en bus, de más o menos media, decidimos comer en el restaurante del Parque, donde se cocina carne  en una parrilla alimentada por el fuego que sale de las entrañas de la tierra. No es muy  caro comer allí, de 12 a 15 euros el plato de "carne cocinada al volcán" y pensamos que cuando más tendríamos la oportunidad de comer algo parecido, así que allí pasamos un buen rato almorzando en el restaurante con unas impresionantes vistas de los volcanes. En la puerta del restaurante hay unas calderas donde los trabajadores del parque enseñan ejemplos del calor de la tierra, echando agua por pequeñas fumarolas donde sale el agua a modo de géiser y por huecos echan paja que se quema al instante.
Tras la visita tomamos dirección norte y paramos en un pueblo llamado Tinajo, un típico pueblo de la isla con casitas blancas de puertas verdes en la aridez de la tierra de la zona, me llamaron la atención durante todo el viaje los adornos navideños de los jardines de las casas.
En Tinajo tomamos café en este bar cafetería, El Flaco, os lo pongo para los que viajéis con niños, ya que aunque muy pequeña tiene un área de juegos con pelotas de colores que a mis hijos les encantó, mi hijo mayor todas las tardes decía que quería volver al sitio de "piso de pelotas".
Tras regresar a la casa ya anocheciendo paramos a ver el conocidísimo Monumento al Campesino de César Manrique, para dejar constancia de el duro trabajo del campesino de la isla para sacar productos de una tierra árida.
El martes decidimos cambiar de isla y tomamos el ferry para conocer Fuerteventura. Se toma en el Puerto de Playa Blanca, cruzamos dos coches, siete adultos y dos niños de uno y tres años (los niños cruzaron gratis) y creo recordar que pagamos por persona alrededor de 50 euros ida y vuelta (coches incluidos). Hay dos compañías para cruzar con coche, Fred Olsen que tarde 15 minutos y es algo más cara; y Armas que tarda 35 minutos y es algo más económica, nosotros elegimos esta última. Tardamos desde nuestra casa a Playa Blanca unos veinte minutos y tomamos el Ferry de las 11 de la mañana.
La travesía en ferry es muy bonita, vas dejando atrás los volcanes de Timanfaya, al este la Isla de Los lobos y desembarcas en el puerto de Corralejo en Fuerteventura. Allí pedimos un mapa de la isla y tras una pequeña conversación con una empleada de la agencia de alquiler de coches CICAR con la hablamos por casualidad, porque la oficina de información turística estaba cerrada, nos decimos por ir hacia el interior a Betancuria, la antigua capital de la isla. Fuimos bajando hacia el sur de la isla por la preciosa carretera de la costa, donde a un lado puedes ir observando las extensas playas de Corralejo donde había muchas personas practicando deportes acuáticos y viento; y al otro lado las impresionantes dunas, si miras el mapa son de una extensión amplísima (tanto que en los días sucesivos desde las colinas de Conil, el pueblo donde nos alojábamos en Lanzarote, se veían las dunas a lo lejos). En ese momento no paramos porque el peque se nos quedó dormido en el coche, pero a la vuelta sí lo hicimos y nos lo pasamos pipa tirándonos por las dunas como si fuésemos rosquitos, mi hijo aun lo recuerda.

El paisaje de la isla también es volcánico como todas las Islas Canarias, pero las erupciones son muchísimo más antiguas, por tanto la erosión ya ha cumplido su función y el paisaje no es tan impresionante como el de Lanzarote. Urbanísticamente tampoco está tan cuidado como Lanzarote,  todo es más desordenado, pero las carreteras también tienen su encanto.
Tras pasar Puerto del Rosario, donde decidimos no parar, dejamos la carretera de la costa y nos adentramos en el centro de la isla. Llegamos a los Llanos de la Concepción y al Valle de Santa Inés con un bonito paisaje con molinos típicos de la isla.
Y tras esta planicie comenzamos a ascender la montaña hacia Betancuria, al llegar arriba de la montaña hay un mirador con estos fornidos Guanches de por lo menos 3 metros.
Y desde allí se contempla todo el valle con los volcanes al fondo, como os he dicho este paisaje volcánico ya está mucho más erosionado.
Desde el mirador, al otro lado de la montaña, en un valle con más vegetación se encuentra Betancuria, antigua capital de la isla.
Betancuria es la ciudad más antigua de la isla, data del siglo XV. Fue fundada por Jean Betancourt, el conquistador de la isla y permaneció como la capital administrativa hasta 1834. Es un pueblo muy pequeño pero con mucho encanto, ya que como he mencionado se encuentra rodeado de mucha vegetación, bueno mucha tampoco es la palabra, pero sí más que en el resto de la isla; y sus calles son muy coquetas. Entre los puntos de interés destaca la Iglesia de Santa María del siglo XV, arrasada por los piratas en el XVI y reconstruida en el XVII.


Dimos un agradable paseo al sol por sus bonitas calles llenas de flores.
Queríamos comer comida tradicional de la zona en un restaurante normal de comida casera y acertamos con esta elección, el restaurante Valtarajal, comida típica canaria rica y a buen precio. Yo como veis en la foto pedí ropa vieja, pedimos también una tabla de quesos de la zona muy buenos, otros pidieron carne de cabra, lentejas...
Como antes os comenté la vuelta paramos en la playa y en las dunas jugando a tirarnos rodando por ellas. Y tomamos el ferry de vuelta a las 18 horas sin ningún contratiempo. Los niños lo pasaron muy bien en el barco corriendo por los pasillos y observando el agua en las cubiertas. Llegamos a casa cansados, pero la visita a Fuerteventura sin duda mereció la pena. 
En Playa blanca hice una foto al letrero de la estación de autobuses, la verdad es que la palabra guagua siempre me ha parecido muy graciosa y me encantó ver ese nombre allí tan a lo grande ja ja ja
Amaneció el miércoles 31, el día de Noche vieja, muy desagradable, hacía mucho aire y el cielo estaba gris. Así que decidimos descansar en la casa, por la mañana dimos un pequeño paseo por el pueblo contemplando los jardines de las casas que son preciosos, con flora autóctona que no habíamos visto nunca y decorados con piedras volcánicas con mucho gusto.
A medio día comimos en la casa, cosa a mis hijos les encantó. La casa tenía en el patio como una pequeña casa de madera con sus escalerillas y su ventana que fue el lugar favorito de ellos durante toda nuestra estancia. 
Por la tarde, tras planificar la cena del último día del año, nos fuimos a la ciudad de Arrecife a dar un paseo.  La ciudad no tiene mucho que ver, tiene algunos puntos de interés como el Castillo de San Gabriel, que vimos muy bonito iluminado de navidad junto con sus puentes de acceso. 
Y dimos un paseo por las calles del centro de la ciudad donde se encuentra el charco de San Ginés, es una entrada de agua marina que entra en la ciudad dando lugar a esta laguna natural.
Por la noche celebramos una cena de Noche Vieja muy especial con barbacoa de carne, "papas arrugás" con mojo (la receta nos la dio la chica de la frutería del supermercado), vino de Lanzarote y cerveza Tropical canaria. Y entramos en el 2015 al estilo español tomando las doce uvas dos veces, una a la hora peninsular y otra a la hora del archipiélago. 
El jueves amaneció con mejor temperatura, aunque tampoco el sol era muy radiante. Ese día conoceríamos la parte este de la Isla.
la primera parada la hicimos en la zona más septentrional de la isla, donde se encuentra el Mirador del Río. Un conjunto arquitectónico perfectamente camuflado con el entorno que se sitúa en el Risco de Famara a 474 metros de altitud. La entrada ya la teníamos comprada al llevar el bono de cuatro lugares que compramos en Timanfaya.
Un edificio muy peculiar con un restaurante con vistas privilegiadas.
Desde el edificio se accede a un mirador con vistas de excepción del Parque Natural del Archipiélago Chinijo (Isla de La Graciosa, Montaña Clara y el Roque del Oeste), separado de nuestra isla por una lengua de mar que se la conoce como El Río, de ahí el nombre del mirador.

Tras el mirador fuimos a dar un paseo por el pueblo de Haría que destaca por tener un microfilm especial dentro de la isla y ser por ello la zona más verde de la misma, con una rica flora autóctona y con el Valle de las Mil Palmeras. No sé si por ser festivo, uno de diciembre, el pueblo estaba muy vacío, pensamos almorzar allí, pero no encontramos ningún sitio abierto.


Al final fuimos a comer a Punta Mujeres, un pequeño pueblo de pescadores en la playa, donde nos dijeron que podíamos encontrar algo abierto. Comimos en un bar del pueblo llamado El Palenque. Nos ofrecieron pescado de la zona Bocinegro y Cherne y aceptamos la oferta. Son pescados parecidos a la Dorada, eran enormes y estaban deliciosos. Empezamos a pedir y el camarero fue muy amable y nos recomendó que no pidiésemos más, que con el plato de pescado para cada uno teníamos más que suficiente y así fue. !4 euros el plato de pescado, muy bien cocinado y hasta los más comilones quedaron satisfechos.
Tras la comida fuimos justos de tiempo hacia la Cueva de los Verdes, ya que a las 17 horas era la última visita, pero llegamos a tiempo sin problema. La Cueva de los Verdes es el resultado de la actividad eruptiva del Volcán de la Corona, que dio lugar a un túnel volcánico subterráneo de 6 km de longitud que discurre desde el cono volcánico hasta adentrarse en el mal. El túnel se forma por la solidificación de la parte externa de la colada volcánica al contacto con el aire mientras que en el interior sigue fluyendo el magma fundido. Esta foto del Volcán de la Corona al atardecer está hecha desde la entrada de la Cueva. No os desvelo más detalles de esta visita, ya conoceréis el resto por parte del guía del itinerario, no os quiero desvelar los secretos que ella esconde.
La sentradas a la cueva se las conoce como Jameos y no son más que el desprendimiento parcial de una sección del túnel por el cual se puede accede al mismo.
Al terminar la visita y ya oscureciendo corrimos para pillar abierto el otro punto de interés, los Jameos del Agua. Al igual que la Cueva de los Verdes, forma parte del túnel volcánico producido por la erupción del Volcán de la Corona, ocupando la parte del mismo más cercana a la costa. Aquí no solo la naturaleza te deja maravillado, sino que la mano del hombre ha sabido pincelar el paisaje con un exquisito gusto acorde con la filosofía paisajística de la isla. Se desciende hacia el interior con una escalera en madera labrada en la roca, donde se accede a los anfiteatros naturales y a la base del lago natural originado por filtración del agua de mar, ya que el enclave se encuentra por debajo del nivel del mar. El lago tiene aguas cristalinas y una especie autóctona de la zona que habita en él, los cangrejos ciegos o Jameitos. Son de color blanco transparente y por lo visto difíciles de ver y menos por nosotros que hicimos la visita casi de noche, pero mi hijo no desistió en la tarea de encontrar uno, es más aun hoy recuerda el nombre de dichos animalitos.

Amanecimos el viernes con el susto en el cuerpo, Ohhh my god! A mi hijo mayor le salieron las primeras pintitas de la varicela, un susto tremendo porque como la cosa fuese a más corríamos el riesgo de que no nos dejasen montar en el avión para nuestro regreso a casa al día siguiente. Yo ya estaba alertada porque me había informado de todo ello, ya que unos días antes de coger las vacaciones escolares me enteré que se habían dado algunos casos de varicela en la clase de mi hijo y uno de los niños era el mejor amiguito del mío. Fuimos al pediatra de urgencias en Tías que casi ni lo miró y nos dijo que no era varicela, pero la verdad  es que me vino muy bien porque en el informe que me hizo ponía que tenía otra cosa y si al día siguiente me hubiesen puesto alguna pega en el aeropuerto tenía ese informe donde ponía que no era varicela. Como resumen de la historia os digo que al día siguiente mi hijo amaneció con unas cuantas pintas más pero muy pocas, ninguna en la cara, tomamos el vuelo sin problemas, pero la llegar a casa lo llevé al médico y como yo ya me imaginaba sí era varicela. Tuvimos suerte porque la varicela fue muy leve (mi hijo tenía una dosis de vacuna que lo protegió) y él casi no la notó y nosotros pudimos regresar a casa sin contratiempos. 
Pues la mañana del viernes entre esto y buscar un sitio para hacer el check-in online de los billetes de avión, se nos pasó volando. Y eso que hacía un día estupendo, pero no puede ser, planes como la visita a la Casa Museo de César Marique se nos quedaron en el tintero, otra vez será. Comimos en casa, en la sobremesa nos fuimos a dar un paseo por los pequeños volcanes cercanos a la casa, aquí os dejo la foto que os comenté donde desde las inmediaciones de la casa se observan de lejos las montañas de Fuerteventura y las dunas de esa isla.
Por la tarde fuimos con los niños a Playa del Carmen a jugar a un parque y contemplamos este precioso atardecer.
Al día siguiente sábado tomamos el vuelo a las 8 de la mañana y abandonamos esta bonita isla a la cual seguramente regresaremos algún día, os lo recomiendo, es un paraje maravilloso.

4 comentarios :

  1. Vaya paisajes!! y la comida tiene toda una pinta estupenda. Te releeré cuando por fin vaya por Lanzarote. Preciosas fotos y muy buena info. Un besote!!

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    1. Gracias preciosa! Un lugar estupendo este para una escapadita!

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  2. es Betancuria, no Bentacuaria.
    Gracias por visitar mis islas

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    1. Muchas gracias! Como ves pone bien en todo el texto Betancuria, solo una vez viene mal escrito, habrá sido un fallo del corrector, gracias por decírmelo, porque la verdad es que a mi me ha costado ver donde estaba el error je je je Muchas gracias por pasarte por mi blog. Cuando llegue a casa lo soluciono

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