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jueves, 19 de octubre de 2017

Monasterio de Guadalupe: Visita con niños

Hace tiempo que queríamos ir a conocer el Monasterio de Guadalupe en la provincia de Cáceres, pero al quedar un poco más alejado de la Vía de la Plata, la carretera que solemos tomar para subir al norte, siempre lo dejábamos para otra ocasión. Pero esta vez nos dejamos de excusas y pusimos rumbo a esta preciosa zona de la provincia de Cáceres.


El Monasterio de Guadalupe se encuentra en el pueblo con el mismo nombre que se fue ampliando alrededor de él con el paso de los años. Buscar información sobre el lugar nos ha descubierto datos muy interesantes. Ya sabíamos que Extremadura fue tierra de conquistadores y, por ello, al visitarla puedes ir descubriendo a cada paso pequeños lazos que nos unen a América. Al transitar por sus carreteras sorprenden indicaciones como por ejemplo la del pequeño pueblo de Medellín, que a todos nos suena muy americano, pero antes que esta ciudad colombiana existía el Medellín extremeño, pueblo natal de Hernán Cortés, conquistador de México y de ahí esta réplica en el Nuevo Mundo. El Monasterio de Guadalupe no podía ser menos en caunto a su relación con America Latina y por ello, la Virgen a la que rinde advocación, la Virgen de Guadalupe, es la patrona de Extremadura y a su vez la Patrona de la Hispanidad, de todos los países con vínculos hispánicos.


Según la leyenda un pastor encontró la imagen de la Virgen que hoy conocemos junto al río Guadalupe, de ahí su nombre y en el lugar de la aparición se hizo una pequeña ermita, que se fue ampliando a lo largo de los siglos hasta convertirse en el impresionante monasterio que hoy conocemos. Me resultó curioso que el nombre de Guadalupe en realidad sea el nombre de un río. Viene del término árabe "Wad-al-luben" (río oculto) porque el río nace encajonado en la tierra en este lugar. Wad en árabe es río (de ahí otros nombres que conocemos como Guadalquivir, Guadiana, Guadalhorce...), pero nunca lo había relacionado con el nombre de Guadalupe hasta estos días.


A esta pequeña Virgen de madera oscura, encontrada junto al cauce del río, se le encomendaron aventureros varios que terminaron sus días en el Nuevo Continente, de esta forma se fue gestando la devoción a ella en América, siendo hoy la Virgen de Guadalupe la patrona de México y una de las Vírgenes más veneradas en América Latina.


Gracias a las indicaciones de una seguidora del blog, entramos en el pueblo por la pequeña carretera CC171, donde se encuentra, justo antes de llegar al municipio, un mirador desde donde contemplar el monasterio desde la lejanía, un lugar ideal para hacerte una idea de sus enormes dimensiones que no adviertes desde su puerta principal de acceso. ¡Gracias Esther!


El monasterio se puede recorrer mediante visita guiada (5 euros adultos y 2,5 niños mayores de 7 años). Van entrando las personas según se van conformando los grupos, pero es rápido, ya que al ser un lugar de peregrinaje siempre hay mucha afluencia de visitantes. Para los niños la visita se hace amena al ir cambiando de salas y de escenarios (dura un poco más de una hora). La visita comienza y termina en su impresionante claustro mezcla de estilos, el único lugar donde se permite sacar fotografías, a nosotros nos encantó contemplar su fantástico mudéjar.


Después continua por el antiguo refectorio, donde hoy sita el Museo de Bordados, con mantos, casullas y demás ropajes eclesiásticos elaborados artesanalmente. Continuamos por la sala hoy Museo de Libros Miniados, enormes libros de cánticos que llamaron la atención de mis hijos porque nunca habían visto libros tan grandes que necesitasen ruedas para ser transportados. En otra estancia el Museo de Pinturas y demás objetos de gran valor. Por último sacristía y como colofón se sube al Camarín de la Virgen.


Este monasterio fue fundado en el siglo XIV por la orden de los Jerónimos hasta la Desamortización de Mendizábal, donde quedó en abandono el monasterio y casi en total disolución también la orden. Posteriormente Alfonso XIII lo donaría a la orden franciscana cuyos monjes siguen habitándolo hoy día. Los Jerónimos llaman poderosamente mi atención y esto me ha llevado varias veces a leer sobre ellos. Es una orden dedicada a la vida contemplativa surgida en el siglo XIV, curiosa por ser puramente hispánica (con monasterios solo en nuestra península, España y Portugal) y por estar muy vinculada a la corona, por lo que aunque su premisa es contemplativa, muestra de su poder son las obras de arte que recibieron en donaciones de la corona. Siguen el espíritu de San Jerónimo, un santo del siglo IV, gran estudioso, que tradujo la Biblia del griego y hebreo al latín, llamada su versión "la vulgata", por ser una traducción hecha para el pueblo y admitida su traducción en el Concilio de Trento como única versión oficial para Iglesia Latina.  A San Jerónimo se le representa junto a un sombrero rojo (era cardenal), rodeado de libros y junto a un león porque según cuenta la leyenda mientras leía junto al río Jordán un león se le acercó con una pata herida y este lo curó, el animal agradecido lo acompañaría hasta su muerte. Lo curioso del asunto es que es una leyenda atribuida por error, en realidad este hecho le sucedió a San Gerásimo, pero por su similitud en el nombre se la atribuyeron a San Jerónimo, que puede que en su vida se hubiese topado con un león. Ejemplos de monasterios Jerónimos que todos conocemos son el Monasterio del Escorial, donde está enterrada gran parte de nuestra monarquía y el Monasterio de Yuste donde pasaría sus últimos días el emperador Carlos I, ambos lugares me parecieron muy interesantes. Guadalupe colma mis expectativas en cuanto a arte, a parte de su fabulosa arquitectura, Guadalupe al ser un monasterio Jerónimo posee otros tesoros, como los cuadros de la sacristía y capilla de San Jerónimo encargados a Zurbarán.

También posee una hospedería y una zona dedicada a celebraciones. Nos comentaron que es un lugar donde mucha gente decide casarse y es cierto que los dos días que lo visitamos coincidimos con bodas.


Para comer, los amigos del blog nos recomendasteis hacerlo en la misma plaza, en La posada de Rincón. Pero metimos un poco la pata, las mesas de los distintos restaurantes estaban muy cerca unas de otras y al tener ya pedidas las bebidas nos dimos cuenta que estábamos sentados en las mesas del restaurante de al lado. Pedimos migas y morcilla extremeña, no estaba mal el lugar, pero es cierto que los platos de la posada tenían mejor pinta.


Para dormir nos decidimos por el camping, somos muy novatos en ello y si me dicen hace unos meses que es una experiencia que me va a gustar no me lo creo. Es cierto que es una aventura muy divertida para los niños, pero en esta ocasión el camping necesitaba algunas reformillas y creemos que la experiencia en una casa rural hubiese sido más cómoda para la familia.


El día de la vuelta a casa lo dedicamos a conocer Trujillo, a una hora escasa en coche de Guadalupe, con un patrimonio muy bien conservado y un conjunto monumental envolvente. Ciudad natal de Francisco Pizarro, conquistador del Perú, o de Francisco de Orellana explorador del Amazonas, es reflejo de la importancia en la época de las transacciones con América. Palacios, casas solariegas, pórticos, iglesias, torres...te trasladan a otra época.





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